Morir al derecho de tener la razón

El conflicto enseña

Deseo cerrar este capítulo con una experiencia personal de la formación de la madurez. Ocurrió hace diez años. Por casi ocho años no lo compartí con nadie, puesto que parecía tan personal. Pero ahora ha pasado suficiente tiempo para poder compartirlo sin emociones mixtas. Esta formación duró casi un año. Fue una situación compleja que involucraba elementos del conflicto, crisis, aislamiento y actividades de formación por la Palabra. El proceso de formación del aislamiento era la parte importante de todo esto.

Yo estaba en el equipo del liderazgo ejecutivo de mi misión . Eramos un grupo cercano que nos reuníamos para orar, compartir y resolver problemas semanalmente. Habíamos estado juntos como equipo por varios años. Mi rol en el equipo, como yo lo veía, era el de ser un facilitador creativo. Constantemente presentaba nuevas ideas y desafiaba al liderazgo. Al mirar atrás, me di cuenta que era dominante, tal vez un poco brusco al hablar y sin tacto. Constantemente analizaba las situaciones y daba soluciones como si fueran las únicas correctas. A menudo lo eran (¡según mi opinión, por supuesto!).

El grupo fue llevado a tomar una importante decisión concerniente a una nueva dirección del ministerio para uno de los miembros del grupo. Vino como resultado de un tiempo dedicado a la oración y evaluación. En mi mente esa sesión era como la de Hechos 13, donde el Espíritu dio la palabra referente a Pablo y Bernabé. Sentía como que el Espíritu Santo nos guiaba a esa conclusión como equipo de liderazgo que éramos. Todo el grupo sintió que la conclusión era correcta. Era una decisión conjunta. Lo vi como solución a una serie de problemas que había observado durante los últimos años.

Después la decisión del grupo fue contraria. Observé algunas inconsistencias en esto. Lo que me molestaba tenía que ver con nuestra habilidad como equipo para discernir la voluntad de Dios. Esto había sido tan claro. Si vacilábamos en esto, entonces no veía cómo podíamos estar seguros de cualquier decisión en el futuro. ¿Cómo podríamos estar seguros que nosotros, los que en el grupo tomábamos decisiones de la misión, estábamos haciendo bien las cosas? Le faltó algo de tacto a mi estilo dominante sobre este tema (sin exagerar). Los obligué demasiado hasta llegar a la decisión original.

En la reunión del grupo, uno de los miembros me exhortó fuertemente. El le pidió al grupo que me sacaran del equipo de liderazgo. Estaba completamente sorprendido por lo que sucedía. No me habían prevenido. No había sido confrontado primeramente en privado. No tenía la menor idea de que yo era un problema para él y que en realidad había sido un problema para él por varios años. Lo que siguió fue el tiempo desdichado para mí. La discusión continuaba de un lado a otro.

Dos elementos de ésta reunión confrontativa resaltaban para mí. Fui acusado de ser muy inflexible. Había una palabra profética (en aquel tiempo no la reconocía de esa manera) que indicaba que tal vez la misión no tenía una posición para mí, que me permitiera desarrollar mi potencial. Tal vez debería salir. Estos elementos me impactaron bastante y me obligó a meditar y reflexionar mucho en los meses siguientes.

El resultado fue que fui removido del equipo de liderazgo ejecutivo. También me sacaron de la junta directiva, la cual se reunía anualmente. Se me pidió que no viniera más a la oficina para mantener distancia entre mi persona y el grupo. Se me pidió que trabajase desde casa. Podía continuar mi investigación, seminarios, talleres, publicaciones y consultoría en nuestros campos, pero me borraron de la oficina y de tener alguna influencia en el equipo de liderazgo.

Así que comencé a trabajar desde mi casa. Lo que más me dolía era que a la gente de la oficina no se le había dicho nada de esto, ni siquiera se les había dado alguna explicación. Mi esposa continuaba trabajando en la oficina. Era muy difícil para ella. Todos sabían que algo había sucedido, pero no sabían qué era. Por supuesto, la gente podía imaginarse cosas que eran mucho peores que lo que había sucedido.

Durante este tiempo había estado estudiando la vida de Watchman Nee— tanto su biografía como su libro sobre la autoridad espiritual. Veía en este incidente una lección de Dios que enseñaba acerca de lo que es el sometimiento a la autoridad. Observé que la autoridad espiritual era delegada por Dios. Era responsabilidad de él defenderla. Vi cómo Watchman Nee se había sometido en varias ocasiones. Él no se defendió. Así que decidí tomar ese acercamiento similar, sintiendo que el Señor me estaba enseñando.

A la misma vez, estábamos estudiando el libro de Romanos en nuestra iglesia. Justo después del incidente de disciplina, llegamos al capítulo 6 de Romanos. La enseñanza del pastor fue excelente como siempre. La primera hora de nuestro culto era de adoración y exposición de la palabra, la segunda hora era dedicada a la aplicación de lo que se enseñaba. Normalmente esto significaba distribuirse en grupos pequeños. Aquel domingo el pastor pasó pedazos de papel en forma de lápidas. Sobre ellas estaban las palabras:

Lápida de aplicación personal—Romanos 6
Aquí descansa .............................................
....................................................................
...................................................................
....................................................................

14 de Agosto, 1977 ......obediente hasta la

Cada uno de nosotros tenía que llenarla con su nombre y poner en una lista lo que sentíamos. Dios nos señalaba las cosas que necesitaban morir. Nos dijo que escribiéramos detrás de la hoja si nos faltaba espacio. Después que terminamos de escribir, compartimos lo que habíamos escrito. Era un momento emotivo para mí. Sabía que no era otro domingo por la mañana más.

Sentí como que Dios estaba juntando todo lo que me había sucedido y lo enfocó en enseñarme algo importante. Había sido remecido por el conflicto y la disciplina. Había sido forzado a revaluar mi ministerio y mis relaciones anteriores en la oficina. Había pensado mucho en todo eso.

Escribí en el papel mi nombre y las palabras "evaluación y ministerio". Al voltear la hoja para escribir detrás de ellas, vinieron unas palabras a mi mente como en un flash: Soy inflexible. Era como si el Señor mismo me hubiera hablado. Entonces escribí detrás de la hoja, "Morir al derecho de tener la razón".

Compartí con la iglesia cómo Dios me había hablado y la lección importante que había aprendido. Tengo esta lápida pegada en la contratapa de mi Biblia hasta el día de hoy. Ocasionalmente, la saco para recordarlo. De vez en cuando mi esposa me lo recuerda también, "¿No tienes una lápida en algún lugar que dice que no siempre tienes que tener la razón?"

Esto fue un tiempo crucial en mi desarrollo del liderazgo. Vi que mi ímpetu por analizar las cosas y señalar "la acción correcta" había molestado a todos los líderes mayores con quienes trabajé. Este fue un momento de libertad para mí.

Aún tenía la tendencia a discernir ciertas situaciones y llegar a análisis. Aún tengo la tendencia de sentir que casi siempre tengo la razón en asesorar estas situaciones. Mis dones tanto como mi experiencia y personalidad están todos involucrados en esta tendencia. Sin embargo, no tengo que probárselo a otros. No tengo que corregir continuamente a las personas que dicen y hacen cosas diferentes a lo que pienso.

Durante casi doce meses de este aislamiento me deprimí. Ésta no es una expresión natural de mi personalidad. En realidad, es la única vez en mi vida que me ha sucedido. Es aun muy poco característico de mi persona el estar desanimado. Pero el aislamiento y la aparente injusticia de la situación parecían tener este efecto.

Cada mañana en mi tiempo devocional leía un sermón de George Morrison. Su estilo exhortativo que brillaba por su consuelo y aliento me hablaba cada mañana. Finalmente, después de tres meses de ser ministrado por esto, salí de mi depresión. Fue una tremenda experiencia para mí que me ha ayudado a entender a otros que tienen tendencias al desaliento y la depresión.

Nunca más volví a trabajar en la oficina de la misión. La experiencia de aislamiento fue un punto de pivote importante. Esto afectó profundamente mi personalidad. ¿Cuáles son algunas de las lecciones que aprendí?

Primero, aprendí que Dios vindicará la autoridad espiritual. Nunca defendí mi acción y ni siquiera hablé de ella, excepto con mi esposa y con las personas con quienes rendía cuentas en este tiempo de aislamiento. Aun en mis conversaciones, nunca atacaba a los miembros del grupo que me amonestaron. No me quejaba de la situación, sino que la veía como algo que Dios sabía que necesitaba. Fui puesto en una nueva y dependiente relación con Dios. Él vindicó mi autoridad espiritual.

Segundo, la palabra profética dada durante la última reunión de la misión se cumplió. Casi cuatro años después de este incidente, Dios me puso en un nuevo rol. Algunas de las cosas que me sucedieron fueron una preparación negativa para comisionarme en un nuevo rol. Nunca hubiera escogido la dirección que se abrió para mí, si este proceso de formación nunca hubiera sucedido.

Tercero, aprendí algunas lecciones organizacionales. La gente en posiciones de poder usualmente gana, teniendo o no la razón en cualquier asunto. También aprendí que necesito ser enseñado acerca de los estilos de liderazgo, si es que deseaba ser un agente de cambio efectivo en el futuro. En un conflicto de poder usualmente ganará el líder con la escala de poder más alta, sin considerar si el asunto es correcto o no, y cualquier persona convencida contra la voluntad de él, será aún de la misma opinión.

Cuarto, aprendí algo acerca de mi carácter. Era una persona muy flexible sólo si era yo quien tenía la sartén por el mango. Tenía todo tipo de ideas creativas. Sin embargo, era inflexible cuando alguien estaba en desacuerdo conmigo. Y es en tales asuntos que la flexibilidad es realmente medida. La declaración que decía que era muy inflexible resultó ser verdad, pero tomó un proceso de formación largo y difícil para que me diese cuenta.

Considere esta experiencia como el punto de pivote en mi desarrollo del liderazgo. Agradezco a Dios por las lecciones que me ha enseñado en esto. Puedo mirar atrás y ver la providencia en muchas circunstancias que guiaron al conflicto, la crisis y el aislamiento. El pasaje de Romanos fue el clave para el proceso de formación completo. Un año de ser puesto a un lado en el ministerio puede ser un algo doloroso, especialmente cuando su reputación está en juego. Sin embargo, ¿qué es un año comparado a ser comisionado libremente para un ministerio maduro y efectivo en el futuro, durante el tiempo que el Señor disponga?

Comentarios

Entradas populares de este blog

Desarrolle un esquema mental - Las 6 Prácticas esenciales para liderar un equipo

Comunicación

Los líderes comen al final