Josué Modelo de Liderazgo

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Raymond Hutabarad

¿Qué hace a un hombre un líder piadoso? 
A la pregunta, considera una de las mejores descripciones de liderazgo que tenemos. 
“La mayor necesidad del mundo”, escribió Elena White, “es la de hombres que no se vendan ni se compren; hombres que sean sinceros y honrados en lo más íntimo de sus almas; hombres que no teman dar al pecado el nombre que le corresponde; hombres cuya conciencia sea tan leal al deber como la brújula al polo; hombres que se mantengan de parte de la justicia aunque se desplomen los cielos”.
Esta declaración inspirada puede aplicarse a muchos héroes de la Biblia que vivieron sus vidas como modelos de liderazgo centrado en Dios, como José, Moisés, Josué, Daniel, Ester, Juan el Bautista, Pablo, etc. 
Deseo reflexionar sobre la vida y el carácter de Josué, el hombre que Dios eligió para suceder a Moisés en la conducción de Israel a la Tierra Prometida. Aquí tenemos un hombre que estaba centrado en Dios, fiel y sin temor a su llamado, lleno de confianza y seguridad en Dios, enfocado en la oración, lleno de gratitud y leal servidor de Dios.

UN HOMBRE CENTRADO EN DIOS

La vida de Josué comenzó con pequeñas cosas, pero con gran denuedo. Su nombre original era Oseas, que significa “un salvador”. Luego, Moisés cambió su nombre a Josué, que significa “salvado por Dios” (ver Números 13:8, 16). "El liderazgo de Josué habría de comprender grandes responsabilidades" 1CBA, 1076.
La carrera de Josué comenzó como soldado. A través de 40 años de liderar a Israel como comandante militar en la marcha desde Egipto a la posesión de la Tierra Prometida, Josué llevó una vida fiel y piadosa. El ser impulsado a tal prominencia en el liderazgo, el ser elegido por Dios como quien llevaría a Israel a Canaán, el sustituir a un eminente líder como Moisés y cumplir la promesa del pacto que Dios hizo a Abraham de una tierra para su pueblo, no fue poca cosa como reconocimiento de la calidad de liderazgo de Josué y de su fidelidad y obediencia a Dios. 
"Un hombre más joven, un guerrero, debía emprender la tarea de dirigir a Israel en la conquista de Palestina. Jehová había fortalecido a Moisés; también habría de ir delante de Josué" 1CBA, 1077.
La voluntad de Dios fue la voluntad de Josué. El camino de Dios fue su camino. Entre esos caminos no había nada para Josué, excepto permanecer fiel al Dios que lo había llamado para una tarea específica.
Josué vivió 110 años. Los primeros 45 años de su vida los pasó en Egipto. Durante los siguientes 40 años, fue el comandante militar de Moisés, sosteniendo sus manos mientras dirigía a Israel fuera de Egipto a través de las peregrinaciones en el desierto hacia la Tierra Prometida. Los últimos 25 años de su vida Josué se dedicó a dirigir a Israel en la era posterior a Moisés, en la tarea de ocupación, división y asentamiento de la tierra que había sido prometida a los hijos de Israel.

FIEL Y SIN TEMOR A SU LLAMADO

¡Qué privilegios únicos le dio Dios a Josué! He aquí un líder histórico de inmensa fidelidad a aquél que lo llamó.
Josué fue el comandante que derrotó a los amalecitas en la primera batalla que Israel enfrentó en su camino hacia la tierra preciada de la libertad (Éxodo 17:9-13). Dios le dio a Josué el privilegio de acompañar a Moisés (Éxodo 24:13) en ese viaje trascendental al Sinaí, donde Moisés recibió los Diez Mandamientos. Josué, junto con Caleb, fueron los únicos, en un grupo de 12 enviados a espiar la Tierra Prometida, que trajeron un informe positivo de que la tierra era suya si Israel confiaba en Dios y marchaba bajo su bandera. Los otros miembros del grupo dieron un informe mayoritario de que la tierra realmente fluía leche y miel, pero Israel no era lo suficientemente fuerte para ocupar esa tierra, y era mejor que Israel volviera a Egipto (Números 13, 14). Entre la confianza en Dios y la indefensión llena de miedo, Josué y Caleb depositaron su confianza en Dios, y solo ellos dos, de las multitudes originales que salieron de Egipto, pudieron entrar en Canaán. No es de extrañarse que el manto de liderazgo luego de Moisés cayera sobre Josué, un líder que fue fiel y valiente en su llamado.
Cuando Dios instruyó a Josué que guiara a Israel en el cruce del Jordán, Josué estableció un plan con fe, aunque no tuviera a nadie que lo guiara. “Josué mandó a los oficiales del pueblo, diciendo: Pasad por en medio del campamento y mandad al pueblo, diciendo: Preparaos comida, porque dentro de tres días pasaréis el Jordán para entrar a poseer la tierra que Jehová vuestro Dios os da en posesión” (Josué 1:10, 11).

"Jericó había desafiado a los ejércitos de Israel y del Dios del cielo, pero cuando miraron esa poderosa hueste que marchaba alrededor de su ciudad una vez al día con toda la pompa y majestad de la guerra, con la grandiosidad del arca y los sacerdotes que la llevaban, el impresionante misterio atizó el terror en el corazón de los príncipes y del pueblo" 4TI, 160.

Un líder fiel, un portavoz valiente, con plena confianza y seguridad en Dios se hace cargo del mando. Su confianza no está en su inteligencia ni en su liderazgo militar, ni en el ejército de Israel, sino en Dios que les prometió la tierra. Él es su camino, su victoria, y su garantía. 

Las fuertes inundaciones no fueron un obstáculo para el corazón confiado. Y Josué se mantuvo firme bajo los brazos de su Dios. “Valeroso, resuelto y perseverante, pronto para actuar, incorruptible, despreocupado de los intereses egoístas en su solicitud por aquellos encomendados a su protección y, sobre todo, inspirado por una viva fe en Dios, tal era el carácter del hombre escogido divinamente para dirigir los ejércitos de Israel en su entrada triunfal en la tierra prometida”. PP, 514

UN HOMBRE CON CONFIANZA Y SEGURIDAD EN DIOS

Gran parte del éxito en la vida de Josué se puede atribuir a su confianza y seguridad en Dios. Observa cómo produjo la victoria de Israel sobre Jericó, una ciudad bien fortificada de gran abundancia y prosperidad que era protegida por un ejército entrenado de soldados valientes. El conquistar esta poderosa ciudad fue percibido como el primer paso en la posesión de Canaán. 

Antes de que Josué pudiera dar el primer paso hacia la conquista de la ciudad, buscó la guía divina. Cuando una persona busca a Dios primero para obtener instrucciones sobre dónde ir, qué hacer, estará segura de obtener esa guía y poder necesarios. Así que cuando Josué buscó la guía y poder divinos, obtuvo los planes de parte del “Príncipe del ejército de Jehová’’ (Josué 5:14). 
La oración ferviente y con confianza tiene el poder de mover el trono de Dios, y Josué vio este poder en la manifestación del comandante del Señor, quien Elena White identifica ni más ni menos como el pre- encarnado “Cristo, el Sublime”.

Superficialmente, el plan de Dios para la victoria de Israel parecía simple pero extraño. Una marcha alrededor de la ciudad, una vez por día y siete veces en el séptimo día. La procesión de la marcha estaba en el orden de los guardias elegidos, siete sacerdotes que tocaban trompeta, el arca del pacto y los guardias posteriores. Al final de la séptima marcha, el séptimo día, tal como Dios prometió, los fuertes muros cayeron, e Israel oprimió a Jericó.

"Súbitamente, el gran ejército se detuvo. Las trompetas estallaron en una fanfarria que sacudía hasta la misma tierra. Todas las voces de Israel al unísono cortaron el aire con un poderoso grito. Los muros de sólida piedra, las imponentes torres y fortificaciones, se tambalearon, sus cimientos cedieron y, con un estruendo semejante a mil truenos, cayeron formando un amasijo de ruinas. Los habitantes y el ejército enemigo, paralizados por el terror y el desconcierto, no ofrecieron resistencia e Israel entró tomando cautiva la poderosa ciudad de Jericó" 4TI, 161.

Siglos más tarde, la inspiración haría honor a la verdad: “Por la fe cayeron los muros de Jericó” (Hebreos 11:30). Por su confianza y seguridad en Dios, Josué dejó una lección para toda la posteridad a no ser olvidada jamás: La victoria en la vida sobre todo obstáculo, situación o enemigo concebible no se encuentra en la fuerza humana sino en colocarse en los brazos eternos de Dios.

"Con qué facilidad los ejércitos del cielo derribaron unos muros que habían parecido tan formidables a los espías que dieron el informe desfavorable...Porque el capitán de las huestes del Señor dirigía el ataque de los ángeles" 4TI, 161.

“Dios hará cosas maravillosas por los que confían en él. El motivo porque los que profesan ser sus hijos no tienen más fuerza consiste en que confían demasiado en su propia sabiduría, y no le dan al Señor ocasión de revelar su poder en favor de ellos. Él ayudará a sus hijos creyentes en toda emergencia, si ponen toda su confianza en él y le obedecen fielmente”. PP, 526.

"Dios obra maravillas por aquellos que confían en él. si los que profesan ser su pueblo no tienen fuerzas es porque confían demasiado en su propia sabiduría y no permiten que el Señor revele su poder en su beneficio. Él ayudará a sus fieles hijos en todas las ocasiones si depositan toda su confianza en él y lo obedecen sin cuestionarlo" 4TI, 163.

“Cuando el pueblo de Dios deja de pensar en sí mismo y abandona el deseo de obrar según sus propios planes, cuando humildemente se somete a la voluntad divina, Dios reaviva su fuerza y trae la libertad y la victoria a sus hijos” 4TI, 164.

"Cuando Moisés le impuso las manos, este dirigente relativamente joven fue lleno de espíritu de sabiduría. Este "espíritu de sabiduría" (Deuteronomio 34:9), comprendía habilidad tanto en la administración civil como en la dirección militar. Josué ya había demostrado ser fuerte en fe y valor, y totalmente leal al deber" 1CBA, 1090.

Fiel - Infiel
Humilde - Insolente
Obediente - Rebelde
Deber - Placer

JOSUÉ FUE UN HOMBRE DE ORACIÓN

Con Dios como su líder, con Josué a la cabeza de la marcha de Israel para poseer la Tierra Prometida, con el cruce del Jordán, con la maravillosa conquista de Jericó, e incluso con el fracaso de Ai transformado en una gran victoria por la gracia de Dios hacia un Israel arrepentido (Josué 3-9), el miedo se apoderó de las naciones paganas en el camino de la posesión final de Israel de su Tierra Prometida. Los cinco reyes amorreos formaron una coalición para atacar a Gabaón, el estado mediador entre los ejércitos de Josué que avanzaban y los amorreos. Gabaón ya había hecho las paces con Israel, y pidió socorro inmediato a Josué.
El valiente líder enfrentó a los amorreos, pero la batalla era feroz, y el día parecía demasiado corto para ultimar la victoria final. Josué necesitaba un poco más de día. El líder lleno del Espíritu conocía una sola salida: extraer de los manantiales internos de su vida de fe y orar: “Entonces Josué habló a Jehová... y dijo en presencia de los israelitas: ‘Sol, detente en Gabaón; y tú, luna, en el valle de Ajalón’... Y el sol se paró en medio del cielo, y no se apresuró a ponerse casi un día entero” (Josué 10:12, 13). E Israel concluyó su tarea sobre los cinco reyes que estaban en su camino hacia la victoria.

La oración sincera de un pueblo justo tiene el poder de llevar a la naturaleza y al Dios de la naturaleza a cumplir sus deseos desinteresados de alcanzar la tarea que Dios les ha asignado. 
“El Espíritu de Dios inspiró la oración de Josué, para que se manifestara otra vez el poder del Dios de Israel... Aunque Josué había recibido la promesa de que Dios derrocaría ciertamente a los enemigos de Israel, realizó un esfuerzo tan ardoroso como si el éxito de la empresa dependiera solamente de los ejércitos de Israel. Hizo todo lo que era posible para la energía humana, y luego pidió con fe la ayuda divina. El secreto del éxito estriba en la unión del poder divino con el esfuerzo humano. Los que logran los mayores resultados son los que confían más implícitamente en el brazo todopoderoso... Los hombres que oran son los hombres fuertes”. PP, 543.

HOMBRE DE GRATITUD

Josué vivió una vida que fue un perfecto ejemplo de gratitud. Habían pasado muchas cosas desde que fuera miembro del equipo investigativo que Moisés envió a espiar la Tierra Prometida. Al acercarse al final de su victoriosa vida, podría haber celebrado la bondad y fidelidad de Dios de cien maneras distintas. Pero un hombre de la vasta multitud del pueblo de Dios que se estaba estableciendo en la tierra prometida se presentó ante Josué, e hizo una simple petición. La súplica de este hombre de 85 años sacudió la memoria de Josué. No es que Josué realmente se hubiera olvidado, pero incluso los santos necesitan recordatorios ocasionales. Caleb se paró delante de Josué y le recordó ese día en Cades Barnea, unos 45 años antes, cuando los dos presentaron un informe minoritario de fe de la tierra de Canaán, mientras que los otros 10 dieron un informe negativo de temor y la súplica de volver a Egipto (Números 13:25-14:4). 

"Durante mucho tiempo Dios había deseado entregar la ciudad de Jericó a su pueblo escogido para que las naciones de la tierra engrandecieran su nombre. Cuarenta años atrás, cuando se había liberado a Israel de la esclavitud, se había propuesto hacerle entrega de la tierra de Canaán. Pero sus celos y perversas murmuraciones despertaron su ira y los castigó a vagar por el desierto durante cuarenta fatigosos años, hasta que todos aquellos hubieron desaparecido, todos los que lo insultaron con su insolencia e infidelidad. Con la toma de Jericó Dios declaró a los hebreos que sus padres habrían podido poseer la ciudad si hubiesen confiado en él del mismo modo en que lo hicieron sus hijos" 4TI, 162.

Esta evocación a la memoria incluyó un recordatorio de la promesa de Moisés a Caleb: “Ciertamente la tierra que holló tu pie será para ti, y para tus hijos en herencia perpetua, por cuanto cumpliste siguiendo a Jehová mi Dios” (Josué 14:9).
Josué era un hombre fuerte, no solo físicamente, sino también mental y espiritualmente. En el apogeo de su poder y gloria, podría fácilmente haber dado muchas excusas que los seres humanos comunes dan: declarar ignorancia, conducir a un colega ligeramente al territorio del olvido, o simplemente llevar el caso a un referéndum social. Pero este es Josué, un hombre que nunca olvidó a su Dios ni a sus siervos. Y Caleb era un noble siervo, e hizo su petición: “Dame, pues, ahora este monte” (Josué 14:12). Sin vacilar, Josué honró la petición de Caleb. La Escritura agrega una poderosa nota final: “Y la tierra descansó de la guerra” (Josué 14:15). 
Con Josué y Caleb, celebrando juntos la entrega de Hebrón a este último, la misión de Israel desde la tierra de la esclavitud a la tierra del pacto había sido cumplida.

UN FIEL SERVIDOR DE DIOS

El ministerio de Josué concluye con una poderosa historia de consagración y afirmación. Tenía 105 años cuando llamó a una convocación general de todos los ancianos, jefes, jueces y oficiales de Israel en su aldea de Siquem. El discurso de despedida de Josué fue una reseña, una advertencia y una súplica (Josué 23 y 24). Repasó la historia de todo lo que Dios había hecho por Israel desde el momento en que dejaron Egipto hasta la ocupación de la Tierra Prometida –sus altibajos, sus traiciones y sus regresos a Dios, sus raíces desde Abraham, su sistema único de leyes, el pacto y el Santuario; y su marcha hacia la libertad y la heredad de la Tierra Prometida. Josué también puso delante de ellos una advertencia del juicio de Dios en caso de que se alejaran de su ley y su servicio.

Finalmente, el líder fiel presentó ante los líderes de Israel su única súplica: “Ahora, pues, temed a Jehová, y servidle con integridad y en verdad” (Josué 24:14). Como parte de este pedido, ante los representantes de todo Israel y ante Dios, hizo su última reverencia y promesa: “Yo y mi casa serviremos a Jehová” (Josué 24:15).

Ninguna observación de bendición sobre la vida y el liderazgo de Josué puede mejorar el tributo inspirado que Elena de White hace al hijo de Nun: 

“La obra de Josué en favor de Israel había terminado. Había cumplido “siguiendo a Jehová”, y en el libro de Dios se lo llamó “el siervo de Jehová”. PP, 503.

El testimonio más noble que se da acerca de su carácter como caudillo del pueblo es la historia de la generación que disfrutó de sus labores. “Israel sirvió a Jehová durante toda la vida de Josué, y durante toda la vida de los ancianos que sobrevivieron a Josué”.

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