El Don de la Influencia
INTRODUCCIÓN
"Antes bien, nos recomendamos en todo como ministros de Dios, en mucha paciencia, en tribulaciones, en necesidades, en angustias; en azotes, en cárceles, en tumultos, en trabajos, en desvelos, en ayunos; en pureza, en ciencia, en longanimidad, en bondad, en el Espíritu Santo, en amor sincero, en palabra de verdad, en poder de Dios, con armas de justicia a diestra y a siniestra; por honra y por deshonra, por mala fama y por buena fama; como engañadores, pero veraces; como desconocidos, pero bien conocidos; como moribundos, mas he aquí vivimos; como castigados, mas no muertos; como entristecidos, mas siempre gozosos; como pobres, mas enriqueciendo a muchos; como no teniendo nada, mas poseyéndolo todo." 2 Corintios 6:4-10
¿Qué significa “influenciar”?
Según el diccionario “se dice de una persona o de una cosa que ejerce predominio o fuerza moral”1. En otras palabras, consiste en producir un efecto en las acciones, el comportamiento o la opinión de otra persona.
Les daré un ejemplo. ¡Me gustan mucho los gatos! Durante mi niñez, mi tía tenía hermosos gatos siameses. Papá apreciaba a los gatos ¡únicamente por su capacidad de terminar con los ratones del galpón! Así que nuestro hermano mayor nos regaló a mi her- manita y a mí un hermoso gatito siamés al cual llamamos “Oscar”. Pero dos años después, papá regaló el gatito a unos amigos. Yo sentí una profunda tristeza.
Cuando finalmente fui independiente, adquirí un gato. Cuando nacieron nuestros niños, teníamos dos gatos siameses. Uno se acostaba junto a los niños y dormía sus siestas e incluso toda la noche junto a ellos. Y es verdad, la historia se repite: mis dos hijos son locos por los gatos. Es evidente que yo ejercí una influencia sobre ellos y ahora mis nietos también los atesoran, y se sentirían muy mal si sus padres se desprendiesen de los gatos que tienen.
Sin embargo, el don de la influencia es mucho más que pasar a la siguiente generación un gusto, una inclinación o un rechazo, que puede tener que ver con deportes, animales o autos.
El apóstol Pablo nos habla de esto en 2 Corintios 6:4-10: “Antes bien, nos recomendamos en todo como ministros de Dios, en mucha paciencia, en tribulaciones, en necesidades, en angustias, en azotes, en cárceles, en tumultos, en trabajos, en desvelos, en ayunos; en pureza, en conocimiento, en tolerancia, en bondad, en el Espíritu Santo, en amor sincero; en palabra de verdad, en poder de Dios y con armas de justicia a diestra y a siniestra; por honra y por deshonra, por mala fama y por buena fama; como engañadores, pero veraces; como desconocidos, pero bien conocidos; como moribundos, pero llenos de vida; como castigados, pero no muertos; como entristecidos, pero siempre gozosos; como pobres, pero enriqueciendo a muchos; como no teniendo nada, pero poseyéndolo todo”.
Una vida santa es un sermón que convence. La forma en que reaccionamos ante los eventos de la vida es una manera de reflejar quiénes somos y cuáles son nuestros valores. ¿Somos amables? ¿Expresamos amor genuino? ¿Decimos la verdad con tacto? ¿Reaccionamos con benignidad aun cuando nos provocan? ¿Nos mantenemos positivos en medio de las dificultades? ¿O somos violentos? ¿Antipáticos? ¿Jactanciosos y arrogantes?
Pensemos un poco en la influencia. ¿Qué tipo de influencia tenían Acab y Jezabel?
Leamos 1 Reyes 16:29-33: “Comenzó a reinar Acab hijo de Omri sobre Israel el año treinta y ocho de Asa, rey de Judá, y reinó sobre Israel en Samaria veintidós años. Pero Acab hijo de Omri hizo lo malo ante los ojos de Jehová, más que todos los que reinaron antes de él, pues no le bastó andar en los pecados de Jeroboam hijo de Nabat, sino que tomó por mujer a Jezabel, hija de Et-baal, rey de los sidonios, y fue, sirvió a Baal y lo adoró. Construyó además un altar a Baal en el templo que él le edificó en Samaria. También hizo Acab una imagen de Asera, para provocar así la ira de Jehová, Dios de Israel, más que todos los reyes de Israel que reinaron antes de él”.
Acab deliberadamente se alineó con los paganos; construyó un templo para el dios de ellos y además le sirvió. Este mal liderazgo empujó a su pueblo a una profunda apostasía.
Dios usó medidas drásticas para mostrarle a Acab la inutilidad de ese otro dios –llamado Baal– al retener las lluvias por tres años y medio, para concluir en una poderosa demostración en el Monte Carmelo. Pero notemos la reacción de Jezabel.
1 Reyes 19:1, 2: “Acab dio a Jezabel la noticia de todo lo que Elías había hecho y de cómo había matado a espada a todos los profetas. Entonces envió Jezabel a Elías un mensajero para decirle: ‘Traigan los dioses sobre mí el peor de los castigos, si mañana a estas horas no he puesto tu persona como la de uno de ellos’”.
Es evidente que Jezabel no estuvo presente en la reunión sobre el Monte Carmelo, sino que quedó en el palacio, donde la rodeaban de mimos y halagos aduladores. Pero cuando Acab llegó, empapado y lleno de lodo, después de la gran tormenta, estaba totalmente exaltado frente a la evidencia del poder de Dios, y la ineficacia de Baal. ¡Jezabel estaba furiosa! Elías había matado a los profetas que ella valoraba, y sintió el impulso de tomar revancha. Por eso, mandó mensajeros al despreciado profeta de Dios: “Mañana estarás muerto”.
Elías corrió.
Unos pocos capítulos después se menciona que Acab deseó tener la viña de Nabot. Por ello, le ofreció una permuta: “yo te daré por ella otra viña mejor que esta; o si mejor te parece, te pagaré su valor en dinero” (1 Reyes 21:2). Él realmente quería tener esa viña; pero Nabot rehusó.
Cuando Acab llegó a su palacio, estaba cabizbajo. La Biblia dice que estaba triste y enojado, ni siquiera quiso comer, sino que se fue a acostar no dejando ver su rostro. ¿No les hace recordar al comportamiento de los niñitos?
Jezabel percibió que algo pasaba y fue tras Acab; inmediatamente vino la pregunta: ¿Por qué estás tan deprimido? ¿Ni siquiera quieres comer?
Acab le relató la breve historia de lo que no salió como él que- ría. “Porque hablé con Nabot, de Jezreel, y le dije que me vendiera su viña o que, si lo prefería, le daría otra viña por ella. Y él respondió: ‘Yo no te daré mi viña’” (1 Reyes 21:6). Eso fue suficiente para que ella sonriera y haciendo un gesto de sorpresa dijera: “¿No eres acaso tú el rey de Israel? Levántate, come y alégrate; yo te daré la viña de Nabot de Jezreel” (1 Rey. 21:7). Acto seguido esta mujer puso manos a la obra. Escribió cartas en nombre de Acab, las selló con el sello del rey, y las envió a los ancianos y nobles que vivían en la misma ciudad que Nabot.
Quiero hacerles algunas preguntas: ¿Tenía influencia esta mujer? Sí.
¿Era una buena influencia, con resultados perdurables? ¿O era una influencia que ayudaba a desplomar la espiritualidad de Israel?
Consciente o inconscientemente, todos ejercemos influencia. Lo hacemos con palabras, acciones o nuestro comportamiento, pero todos influenciamos a otros de manera que los acercamos o los alejamos de Dios.
Si somos negativos ya sea en relación a la iglesia, a los miembros, al pastor, o a los programas de la iglesia, por cierto que la gente no se sentirá atraída hacia Jesús o hacia Dios. Por otro lado, si somos pacientes y bondadosos, si atendemos las necesidades de nuestros prójimos con misericordia, la gente deseará saber cuál es la razón que nos hace diferentes.
Hay una canción de niños que dice así:
¿Sabes cristiano que tú eres un sermón con zapatos?
¿Sabes cristiano que tú eres un sermón en zapatos?
Jesús cuenta contigo para expandir sus buenas nuevas.
Por eso, camina y habla, y cuéntalas.
Un sermón dentro de zapatos.
Vívelo y cuéntalo. Enseña y predica.
Conócelo y enséñalo.
Eres un sermón dentro de zapatos.
Tenemos muchos ejemplos de personas que ejercieron el talento de la influencia en una dirección positiva.
José fue fiel a Potifar y aunque su mujer quiso desviarlo y terminó abandonado en la cárcel, allí siguió siendo fiel. Cuando interpretó los sueños de faraón, éste preguntó: “¿Acaso hallaremos a otro hombre como éste, en quien esté el espíritu de Dios?” (Génesis 41:38). Y faraón elevó a José al grado de primer ministro de Egipto.
Daniel también usó su talento de influencia en la corte de Babilonia; y también fue a través de su fidelidad. Con total resolución decidió que iba a honrar a Dios en todo –incluso a través de sus alimentos y bebidas. Fue fiel cuando reprendió al nieto de Nabucodonosor la noche en que cayó Babilonia. Fue fiel al orar, aun sabiendo que podría terminar junto a los leones.
Pablo fue otra persona fiel que ejerció su influencia. Cuando percibió que su tiempo en este mundo estaba llegando a su fin dijo: “He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está reservada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida” (2 Timoteo 4:7).
Elena White en el libro Hechos de los apóstoles dice que la influencia de Pablo era tan grande que el emperador romano Nerón decidió ejecutarlo en secreto. No quería que se supiera, ya que Pablo era un ciudadano romano y la ley decía que no podía ser torturado. Por ello, lo decapitaron sin hacerlo público.
Quiero compartirles el párrafo que relata su muerte. “El apóstol fue conducido secretamente al lugar de ejecución. A pocos se les permitió presenciarla, porque alarmados sus perseguidores por la amplitud de su influencia, temieron que el espectáculo de su muerte ganara más conversos al cristianismo. Pero aun los empedernidos soldados que le escoltaban, al escuchar sus últimas palabras, se asombraron de ver la placidez y hasta el gozo de la víctima en presencia de la muerte. Para algunos de los circunstantes fue sabor de vida para vida el contemplar su martirio, su espíritu de perdón para con los verdugos y su inquebrantable confianza en Cristo hasta el último momento. Varios de ellos aceptaron al Salvador predicado por Pablo, y no tardaron en sellar intrépidamente su fe con su sangre” (HAp, 406).
Seamos o no conscientes, todos ejercemos influencia sobre cada persona con la que nos relacionamos. Nuestra amabilidad en el supermercado, nuestra conducta en el restaurant, nuestra conversación con amigos, la manera en que les hablamos a los miembros de la familia, e incluso lo que expresamos a través de nuestro rostro. Todo esto hace que quienes nos ven o nos oyen, estén consciente o inconscientemente siendo afectados.
Elena White en el libro Palabras de vida del gran Maestro dice: “Nuestras palabras, nuestros actos, nuestro vestido, nuestra conducta, hasta la expresión de nuestro rostro, tienen influencia. De la impresión así hecha dependen resulta- dos para bien o para mal, que ningún hombre puede medir. Cada impulso impartido de ese modo es una semilla sembrada que producirá su cosecha. Es un eslabón de la larga cadena de los acontecimientos humanos, que se extiende hasta no sabemos dónde. Si por nuestro ejemplo ayudamos a otros a desarrollar buenos principios, les damos poder para hacer el bien. Ellos a su vez ejercen la misma influencia sobre otros, y éstos sobre otros más. De este modo, miles pueden ser bendecidos por nuestra influencia inconsciente” (HAp, 274).
Muchas personas que impactaron en mi vida eran desconocidos de quienes ni siquiera supe el nombre. Me sonrieron en la playa; me permitieron adelantarme para pagar mis compras antes que ellos en una tienda; me sonrieron cuando ambos buscábamos un espacio vacío en el estacionamiento atestado. Todos ellos tocaron mi vida a través de su conducta desinteresada y hasta me mostraron que no estaban tan apurados o ansiosos como yo.
También recibí influencia a través de una palabra de comprensión y misericordia cuando no pude llegar a tiempo a una reunión. Sentí la influencia positiva a través de palabras de ánimo cuando la vida me estaba abrumando bajo una sombra de estrés y me sentía bajo el peso del desaliento. Muchos me transmitieron palabras de ánimo y me dieron protección de parte de Dios.
Así como recibí influencia de tantos, es imposible que pueda saber cómo y cuándo influencié a otras personas: positiva o –aunque es triste decirlo – negativamente.
Hay veces que he sido punzante, exigente; he discutido y criticado y he logrado que alguien se alejase de Jesús. Otras veces he estado tan ausente dentro de mis responsabilidades, que perdí la oportunidad de mostrar compasión y empatía. Y muchas ve- ces cuando estoy esperando pagar en una caja estoy tan dentro de mis propios pensamientos que me olvido de la amabilidad o la alegría.
Sí, hay veces en que mi vida fue un testimonio real de la presencia de Jesús en mí, y he podido ser cortés para con el descortés, amigable con quien no lo era. Pude ser un modelo de ministerio de compasión y solicitud para con otros, y ellos pudieron sentirse atraídos por Jesús a través de mí; desearon vivir como Jesús.
CONCLUSIÓN
Qué quiere dejar usted como legado, ¿una influencia positiva o negativa? ¿Qué desea pasar a la siguiente generación? ¿Cómo podemos ejercer una influencia positiva? Todo se reduce a estar con Jesús.
En Juan 15:1, 2 y 4 Jesús nos dice: “Yo soy la vid verdadera y mi Padre es el labrador. Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto. Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí”.
Jesús es la Fuente de Influencia. Si cada día dedicamos tiempo a estar ante su presencia, podrá transformar nuestros pensamientos, nuestros corazones, nuestra conducta y hasta nuestras palabras. Él podrá ablandar nuestras duras aristas y podremos reflejarlo al mundo.
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